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sábado, 23 de noviembre de 2013

DEVOCIONAL DIARIO

“Sobrellevad los unos las cargas de los otros, y cumplid así la ley de Cristo... Porque cada uno llevará su propia carga”
(Gal_6:2, Gal_6:5).
Una lectura superficial de estos dos versículos podría convencer fácilmente a una persona de que presentan una flagrante contradicción. El primero dice que unos debemos llevar las cargas de los otros, el segundo que cada uno debe llevar su propia carga.
La palabra traducida como “cargas” en el versículo 2 significa cualquier cosa que agobia espiritual, física y emocionalmente a una persona. En su contexto inmediato se refiere al peso de la culpa y el desaliento que llega a la vida de un hombre que ha sido sorprendido en una falta (v. Gal 6:1). Ayudamos a tal hermano cuando echamos sobre su cuello un brazo amoroso y le reconquistamos a una vida de comunión con Dios y con Su pueblo. Pero las cargas también incluyen las penas, problemas, aflicciones y frustraciones de la vida que a todos nos llegan. Llevamos las cargas de los otros cuando consolamos, animamos, compartimos nuestras cosas materiales y damos consejo constructivo. Esto quiere decir que nos involucramos en los problemas de los demás, a pesar del alto coste personal que esto pueda representarnos. Cuando hacemos esto, cumplimos la ley de Cristo, que es amarnos los unos a los otros. Demostramos nuestro amor de una manera práctica gastando en los demás y siendo gastados por ellos.
En cambio, en el versículo 5 se utiliza una palabra diferente para “carga”. Aquí, ésta significa cualquier cosa que tiene que llevarse, sin que indique nada en cuanto a si la carga es ligera o pesada. Lo que Pablo dice aquí es que cada uno tendría que llevar su propia carga de responsabilidad en el Tribunal de Cristo. Entonces, no será cuestión de cómo nos comparamos con los demás. Seremos juzgados sobre la base de nuestros propios hechos y las recompensas serán distribuidas de acuerdo a esto.
La conexión entre los dos versículos parece ser ésta. Una persona que restaura al que ha sido sorprendido en una falta puede caer en la trampa de sentirse superior. Llevar las cargas del hermano caído puede hacerle creer que posee un nivel de espiritualidad más alto y así puede compararse favorablemente con el santo que peca. Pablo le recuerda que cuando esté ante el Señor, tendrá que dar cuenta de sí mismo, de su propia obra y carácter y no de la otra persona. Tendrá que llevar su propia carga de responsabilidad.
De modo que los dos versículos no se contradicen entre sí. Más bien se complementan en armonía estrecha.





sábado, 16 de noviembre de 2013

LOS BENEFICIOS DE DIOS





“¿Qué pagaré a Jehová por todos sus beneficios para conmigo? Tomaré la copa de la salvación, e invocaré el nombre de Jehová”
(Sal_116:12-13).
En lo que respecta a la salvación de nuestras almas, nada hay que podamos hacer para ganarla o merecerla. Dios no está en deuda con nosotros así como tampoco podemos reembolsarle nada, porque la salvación es un don de pura gracia.
La respuesta adecuada a la oferta gratuita de Dios de la vida eterna es, en primer lugar, tomar la copa de la salvación, esto es, aceptarla por fe, entonces debemos invocar el nombre del Señor, es decir, agradecerle y alabarle por Su don inefable.
Aún después de haber sido salvos no hay nada que podamos hacer para recompensar al Señor por todos Sus beneficios para con nosotros. “Aun dándole todo mi ser, queda pequeña la ofrenda”. Sin embargo, hay una respuesta apropiada que podemos dar, y es lo más razonable que podemos hacer. “Amor tan asombroso y divino, demanda mi alma, mi vida, mi todo”. 
Si el Señor Jesús dio Su cuerpo por nosotros, lo mínimo que podemos hacer es dar nuestros cuerpos por él.
Pilkington de Uganda decía: “Si él es Rey, tiene derecho a todo”. C. T. Studd escribió: “Cuando me di cuenta de que Jesucristo había muerto por mí, no me pareció difícil entregárselo todo a él”.
Borden de Yale oró: “Señor Jesús mi voluntad ya no cuenta en mi vida y te pongo en el trono de mi corazón”.
Betty Scott Stam decía en oración: “Me doy a mí misma, mi vida, mi todo, enteramente a Ti, para ser Tuya para siempre”..
Charles Haddon Spurgeon decía: “Aquel día cuando me rendí al Señor, le entregué mi cuerpo, mi alma, mi espíritu; le di todo lo que tenía, y todo lo que tendré en el tiempo presente y por la eternidad. Le entregué todos mis talentos, mis poderes, mis facultades, mis ojos, mis oídos, mis miembros, mis emociones, mi juicio, toda mi virilidad, y todo lo que de ésta pudiese venir”.
Finalmente, Isaac Watts nos recuerda que: “gotas de pena no podrán pagar la gran deuda de amor que debo yo”, añadiendo después: “Te entrego mi ser, amado Señor, pues es lo único que puedo hacer”. 
La pasión del Señor Jesús, Sus manos y pies ensangrentados, Sus heridas y Sus lágrimas demandan una respuesta apropiada: el sacrificio de nuestras vidas para él.





DEVOCIONAL DIARIO





“Sed pues, prudentes como serpientes, y sencillos como palomas”
(Mat_10:16).
Un elemento importante de la sabiduría práctica es el tacto. El cristiano debe aprender a ser discreto. Esto significa que debe desarrollar una delicada sensibilidad en lo que respecta a qué hacer y decir para evitar ofender y cimentar buenas relaciones. La persona discreta se pone en el lugar del otro y se pregunta: “¿Cómo me gustaría que me lo dijeran o hicieran a mí?” Busca ser diplomático, considerado, bondadoso y perspicaz.
Desafortunadamente la fe cristiana ha tenido en sus filas un número considerable de personas faltas de tacto. Un ejemplo clásico es un peluquero cristiano que trabajaba en un pequeño pueblo del oeste. Un día entró en la peluquería un desafortunado cliente, y pidió que le afeitase. El peluquero lo sentó, le ató al cuello el peinador, e inclinó la silla hacia atrás. En el techo el cliente vio escritas las palabras: “¿Dónde pasarás la eternidad?” El peluquero le enjabonó generosamente la cara; entonces, mientras afilaba la navaja, comenzó su testimonio evangelístico con la pregunta: “¿Está usted preparado para encontrarse con Dios?” El cliente salió disparado de la silla, con el peinador, espuma y todo, y nunca se volvió a oír de él desde entonces.
Una vez, un celoso estudiante salió una noche para evangelizar. Caminando por una calle oscura vio en las sombras a una joven caminando delante de él. Al tratar de alcanzarla, ella comenzó a correr. Ansioso, corrió tras ella. Cuando ella dobló el paso, él hizo lo mismo. Finalmente ella corrió hacia el portal de una casa, aterrorizada, y buscando nerviosamente las llaves en su bolso. Cuando vio que él corría hacia el porche, quedó tan paralizada de terror que no pudo ni gritar. él entonces, sonriendo, le entregó un folleto y se fue feliz por haber alcanzado a otro pecador con el evangelio.
Se necesita mucho tacto cuando se visita a un enfermo. En nada le ayuda que digamos: “¡Qué pálida estás!” o contarle historias y anécdotas negativas como: “Conozco a una persona que tenía esta enfermedad y murió”. Esto es muy típico, y todos se disculpan diciendo que sólo querían ayudar, pero, ¿quién quiere esa clase de compañía o consuelo?
Hemos de ser discretos cuando visitamos a los afligidos. No debemos ser como el texano que le dijo a la viuda de un político asesinado: “¡Y pensar que tuvo que pasar en Texas!
Dios bendiga a aquellos santos escogidos que siempre saben cómo decir la palabra apropiada y bondadosa. Y que Dios nos enseñe al resto a cómo ser diplomáticos y discretos en vez de gente que va tropezando y pisando a los demás por su falta de tacto.





jueves, 14 de noviembre de 2013

LA VERDAD DE LA BIBLIA



“...los indoctos e inconstantes tuercen... las otras Escrituras para su propia perdición” (2Pe_3:16b).
El Dr. P. J. Van Gorder acostumbraba hablar de un letrero, colocado afuera de una carpintería, que decía: “Se hacen toda clase de torceduras y vueltas”. Los carpinteros no son los únicos que sirven para esto; muchos que profesan ser cristianos también tuercen y dan vueltas a las Escrituras cuando les conviene. Algunos, como dice nuestro versículo, tuercen las Escrituras para su propia perdición.
Todos somos expertos para justificar, es decir, excusar nuestra desobediencia pecaminosa ofreciendo elogiosas explicaciones o atribuyendo motivos dignos a nuestro proceder. Intentamos torcer las Escrituras para que se acomoden a nuestra conducta. Damos razones plausibles aunque falsas que den cuenta de nuestras actitudes. Aquí hay algunos ejemplos.
Un cristiano y hombre de negocios sabe que está mal recurrir a los tribunales contra otro creyente (1Co_6:1?8). Más tarde, cuando se le pide cuentas por esta acción, dice: “Sí, pero lo que él estaba haciendo estaba mal, y el Señor no quiere que se quede sin castigo”.
Mari tiene la intención de casarse con Carlos aún cuando sabe que él no es creyente. Cuando un amigo cristiano le recuerda que esto está prohibido en 2Co_6:14, ella dice: “Sí, pero el Señor me dijo que me casara con él para que así pueda guiarle a Cristo”.
Sergio y Carmen profesan ser cristianos, sin embargo viven juntos sin estar casados. Cuando un amigo de Sergio le señaló que esto era fornicación y que ningún fornicario heredará el reino de Dios (1Co_6:9-10), se picó y replicó: “Eso es lo que tú dices. Estamos profundamente enamorados el uno del otro y a los ojos de Dios estamos casados”. Una familia cristiana vive en lujo y esplendor, a pesar de la amonestación de Pablo de que debemos vivir con sencillez, contentos con tener sustento y abrigo (1Ti_6:8). Justifican su estilo de vida con esta respuesta ingeniosa: “Nada hay demasiado bueno para el pueblo de Dios”.
Otro hombre de negocios codicioso, trabaja día y noche para amasar ávidamente toda la riqueza que puede. Su filosofía es: “No hay nada de malo con el dinero. Es el amor al dinero la raíz de todo mal”. Nunca se le ocurre pensar que él podría ser culpable de amar al dinero.
Los hombres intentan interpretar sus pecados mejor que lo que las Escrituras les permiten, y cuando están resueltos a desobedecer la Palabra y esquivarla como puedan, una excusa es tan buena (o mala) como la otra.



viernes, 8 de noviembre de 2013

ORANDO EN TODO TIEMPO




Sal 5:2  Está atento a la voz de mi clamor, Rey mío y Dios mío, 
 Porque a ti oraré. 
Sal 5:3  Oh Jehová, de mañana oirás mi voz; 
 De mañana me presentaré delante de ti, y esperaré. 

Col 4:2  Perseverad en la oración, velando en ella con acción de gracias; 

Stg 5:13  ¿Está alguno entre vosotros afligido? Haga oración. ¿Está alguno alegre? Cante alabanzas. 

miércoles, 6 de noviembre de 2013

LOS NOMBRES DE DIOS

JEHOVÁ

[יְהוָה] 

Significado: “YO SOY”, el que es autoexistente. 
Aplicación: Dios nunca cambia. Sus promesas nunca fallan. Cuando nosotros somos infieles, Él es fiel. Es necesario que le obedezcamos. 
Referencias bíblicas: Éxo_3:14; Éxo_6:2-4, Éxo_34:5-7; Salmo 102.
Comentario: Un traductor alemán del siglo XVI escribió el nombre YHVH (YHWH) utilizando las vocales de Adonai debido a que los textos judíos antiguos que estaba traduciendo tenían las vocales de Adonai debajo de las consonantes de YHVH. Al hacerlo ideó el nombre YaHoVah

lunes, 4 de noviembre de 2013

POR LA GRACIA DE DIOS

“...por la gracia de Dios soy lo que soy”
(1Co_15:10).
Una de las agonías de la vida que nos infligimos a nosotros mismos es tratar de ser alguien que nadie tuvo la intención de que fuéramos. Cada uno es una creación única de Dios. Como alguien a dicho: “Cuando él nos hizo, en seguida rompió el molde”. Nunca deseó que nosotros tratáramos de cambiarla.
Maxwell Maltz escribió: “Tú como personalidad no estás en competencia con ninguna otra persona, por la sencilla razón de que no hay otra como tú en toda la faz de la tierra. Eres un individuo. Eres único. No eres como ninguna otra persona y jamás podrás ser ninguna otra persona. No se supone que debas ser como ninguna otra persona y no “se supone” que nadie deba ser como tú”.
 “Dios no creó a una persona modelo y la etiquetó diciendo: así deben ser todos. Hizo a cada ser humano individual y único así como hizo cada copo de nieve individual y único.
Cada uno de nosotros es el producto de la sabiduría y amor de Dios. Al hacernos como somos, sabía exactamente lo que hacía. Nuestra apariencia, inteligencia y talentos representan lo mejor de él para nosotros. Cualquiera que tuviera conocimiento y amor infinitos habría hecho lo mismo.
Ahora bien, desear ser diferentes a como somos es un insulto a Dios. Sugiere que él ha cometido un error o que nos ha negado algo que habría sido para nuestro bien.
Desear ser distinto es inútil. Dios nos ha hecho y nos ha dado todo lo que tenemos con un objetivo. No hay duda de que podemos imitar las virtudes de otras personas, pues Dios así nos manda, que seamos imitadores, pero aquí estamos hablando de lo que somos físicamente y en talentos como creación de Dios.
Si estamos insatisfechos con el proyecto de Dios para nuestra vida, nos paralizaremos con sentimientos de inferioridad. Pero ésta no es una cuestión de inferioridad. No somos inferiores, únicamente individuales y únicos.
Todo intento de ser lo que no somos está condenado al fracaso. Es tan inconcebible como si un dedo de nuestra mano tratara de hacer la labor del corazón. ése no fue el designio de Dios y simplemente no funcionará.
La actitud adecuada está en decir con Pablo: “Por la gracia de Dios soy lo que soy” (1Co_15:10). Debemos regocijarnos porque somos un diseño especial de Dios y determinar utilizar lo que somos y tenemos al máximo para Su gloria. Hay muchas cosas que no podremos hacer, pero hay otras que podemos hacer y que otros no.